Uno es el progreso de la cosas y otro es el ingreso en la enjundia de la humanidad: la persona. Por las ciencias se promovió el primero por la filosofía el segundo. He aquí la cuestión: ser entre las cosas (una cosa social) o ser persona entre personas. La avalancha de las cosas y el atontamiento para lo sagrado es un hecho progresivo e inexorable que nos hace técnicos: esto era el olvido del ser para el final del pensamiento de los modernos con sentido singular. Se limitaba a la denuncia del peligro del pensar técnico como olvido del ser y la faz positiva de ello advino en el saber logotectónico que señala (despues de hacer justicia a la tradición de las tres épocas de la Historia que configuran un presente, a los mismos modernos que se explayaron en la negación y la denuncia de la historia o bien en la sustitución de la filosofía) el ámbito donde puede verificarse el INGRESO EN EL LENGUAJE DIFERENCIADO DE SÍ MISMO CON RESPECTO A SÍ MISMO donde se despierte la persona como simple absoluto.
El ingreso en la persona es el ingreso en la sabiduría que es puro lenguaje que se dirige a nuestra esencia y despierta la condición de nuestro ser o existencia: héroe, santo y ciudadano. Las cosas pueden seguir horizontalmente y seguirán hacia adelante en el denominado progreso. Y la intimidad que resguarda el hogar conquistado por el héroe que se vence a sí mismo en pos de la enjundia de la mujer dominadora y guardadora del tiempo se asienta en la permanencia; la santidad de la persona que es hijo en el Hijo, imagen de la imagen se asienta en la eternidad y la gloria de la libertad absoluta del ciudadano se asienta en la naturaleza. Tal es la realidad substante. Las cosas son los accidentes, que están y que se inhieren en ella. Los categoremas distinguen ambos lados: sustancia, accidente....
Uno avanza hacia el origen que siempre es lo que es o tiene que ser. El otro corre hacia metas siempre nuevas y logros técnicos para utilidad momentánea de un proceso que es util a la condición externa de las personas: necesidades materiales o cósicas.
Hemos mencionado ya las cuatro causas de la Constitución de la Nacion Argentina del cual es padre Juan Bautista Alberdi. Ahora hemos distinguido dos ámbitos: aquellos distinguidos por Heidegger entre el ser y los entes y por Santo Tomas entre el ser que es su ser al cual llamamos Dios en el cual se engendran eternamente las tres Personas y el ser que no es su ser y que lo participa, tiene ser pero no es su ser y que ha sido creado en el ser y recibido la impronta en su persona de la filiación con respecto al Padre eterno en el Hijo por el ingreso de su Espíritu Santo.
Son nociones que la tradición nos ha legado juntamente con el Estado República juntamente con la democracia que surge de la experiencia constitucional originaria en la sabiduría de Solón de Atenas.
No hay que perder la admiración: ¿no es algo providencial la Constitución de Atenas (ver Aristóteles, Constitución de Atenas, Clásicos Políticos de Madrid)? Los hombres sometidos por vez primera a la ley y no a un soberano dos mil años antes que el mundo adopte esta razón plena y transparente respecto del poder y esto realizado por un puñado de hombres atenienses.
Claro está, el fetichismo del poder no ha desaparecido, como tampoco el pecado con la santificación. Es decir existen héroes y anti héroes (ALKINOO Y ANTINOO en la Odisea), santos y homicidas (Francisco de Asís y endemoniados que se burlan del santo) y ciudadanos del mundo y aborrecibles tiranos o gobernantes egoístas.
No solo los hombres levantan tribunales para juzgar: hay juicio divino. Si hay derechos humanos es lógico que los haya de Dios. El célebre Credo lo dice explicitamente, aquel a quien juzgaron tres tribunales "ha de venir a juzgar a vivos y a muertos". No hay acto que no esté sometido a este juicio sea de hombres individuales, sea de naciones.
No se puede pensar unidimensionalmente. Ya lo vio Alberdi: el derecho entre personas es análogo al derecho entre las naciones. Sepamos que hay juicio y que el progreso avanza hacia el origen.
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