Despues de escuchar tanto hablar de valores fungiendo como principios es necesario reocrdar el fundamento de la cuádruple causalidad que constituye la esencia. Estas integran con los principios la célebre definición de la ciencia de las primeras causas y principios. Estos principios concretos son: la eficiencia, la finalidad, la materialidad y lo formal que constituyen el todo de la cosas (revisar el diccionario aristotélico de Bonitz). Son cuatro aspectos racionales de una cosa.
Por eso hemos dicho que cuando las condicionantes se completan la cosa emerge. Aquí la cosa es la Nación y esa cuádruple causalidad hay que probarla en el escrito liminar de Alberdi a nuestra Constitución. Hemos sido una nación de nombre, es decir formalmente, declarativamente por constituciones que no expresan la totalidad formal y material, eficiente y final de la cosa, decía Alberdi en 1846.
El resultado visto, concebido y realizado por Frigerio (estas no son ideas o representaciones ideológicas de un partido sino un gobierno que las integró y logró poner en marcha el desarrollo nacional en tiempo record) finalmente puso la base a la forma de la república democrática, el desarrollo de las industrias de base con el estatuto sideroenergético, dejando libre la vía para el fin: la justicia social que había entrado en un cuello de botella en el segundo período justicialista por falta de la base industrial para las industrias que se promovieron.
He aquí que cuando se debilitan las otras causas se pierde la buscada como fin: sin desarrollo se borran las instituciones republicanas y se aleja el fin de la justicia social, que es la participación plena de las clases trabajadoras en el producto. He aquí que se borran las causas y se pierde la razón e irrumpen las pasiones que se desbocan y se pierde la paz, que es el fin. Y entonces podemos clamar por los valores por los principios abstractos, perorar contra el capitalismo, dibujar castillos en el aire: todo menos vencernos a nosotros mismos y juzgar con el juicio de la razón.
Ahora bien ¿se puede hacer esto en el hoy del posmodernismo? ¿Razón? ¿Después de Nietzsche, de Heidegger, de Derrida...?
Pero sin embargo debemos ver cómo ha sido el desenvolvimiento de la razón hasta que ingresamos en lo contra racional, temática de la modernidad mundanal y ejecución de la esfera submoderna ¡Lo que sí: basta de hablar de valores! No es ni una cosa ni otra: o bien la pura razón (hemos visto antes los niveles de lo lógico real) o bien el lenguaje.
¿Cual sería la política y la economía en esta esfera del lenguaje? Por de pronto hay que poder ver lo que ha sido la historia con justicia y no con ideologías. Hay que saber asumir lo que ha sido dejándolo en paz. Hay que poder más aca de la razón y fuera de la sensibilidad que ciega un camino más hondo que proceda del lenguaje que dice e indica.
Escuhamos en esta dimensión las elegías de Solón, el primer constitucionalista de la historia, hoy lenguaje puro que nos da de pensar o nos despierta una razón acerca del derecho político. Escuchamos aquello que escuchó el abogado inglés y santo hindú para la independencia de la India, el Mahatama Gandhi: EL SERMÓN DE LA MONTAÑA, prístino, libre de dogmatismos representativos o moralinas de covertura (el perdón para poder amar); escuchamos en el Evangelio lo que produce la paz como un teorema necesario, ocultado por Europa para librar dos guerras y someter al colonialismo a las naciones que debían ser promocionadas.Pero EN LO REFERENTE A LA NACIÓN escuchamos al Emilio de Rousseau que educa al hombre libre y a las Elegías de Hölderlin que lo lleva al éter de la poesía ¡Escuhamos al lenguaje puro que nos hace hombres! Habrá que ver con los oídos como el Gloster del rey Lear.
Una cosa es vivir y ser miembros útiles de la sociedad como quien vive en el vientre de un gigantesco cetáceo y muy otra cosa es habitar.
Vale la pena repetirse este verso de Hölderlin mientras vamos por el camino pisoteado por los hombres: LLENOS DE MÉRITO MAS POÉTICAMENTE HABITA EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA.
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