“Dad a leer el evangelio a un hombre y si no corren de sus ojos esas dulces lágrimas que hacen verter la más sublime acción, la más alta poesía, decid que ese hombre no tiene alma o carece de un sentido, pues ni Rafael ni el Tiziano, ni Miguel Ángel han dado (pintando) a Jesús la belleza que tiene su doctrina por sí misma. Conquistando a los conquistadores del mundo el cristianismo ha probado ser la moral de los hombres libres”. Siento orgullo de que este sea el padre de la Constitución que yo juré defender como soldado de la paz y no habla así porque esté alineado en partido tradicionalista alguno (algunos analistas pensarán así) porque dice también: “el vicario del mismo Jesucristo en la tierra ciñe una espada, lleva una corona de rey, es decir de jefe temporal de un poder militar; tiene cañones, ejércitos, da batallas y las premia…sin perjuicio del quinto mandamiento que ordena no matar…la ley de paz ha santificado a muchos guerreros que ocupan los altares católicos….pero no es menos asombroso que un vicario de Jesucristo se arme de cañones rayados y de fusiles Chassepot…”. Bueno, en cuanto a los gobiernos de países cristianos ya en el tercer milenio y la obediencia al “no matarás” no hay que ilustrar nada…siguen por debajo del derecho a tal punto que la civilización es totalmente objetada por el posmodernismo que nos lleva por ello a un abandono del logos.
Sin embargo nuestro doctor en 1869 afirmaba en nombre del derecho y nada podemos replicarle: “la guerra como el crimen puede seguir siendo productiva de lucro pero no de gloria…en nombre de ideas…porque las armas de la idea son: la lógica, la observación, la expresión elocuente, no la espada”. Se comprenderá luego porqué los jóvenes en las Universidades en nombre de la justicia aborrecen lo que creen ser instituciones del capitalismo igualándolo al imperialismo. Las constituciones son infringidas por los que se amparan en ellas para gobernar en vista de lo particular. ¿Y los jueces de las cortes cómo justifican, qué piensan los juristas del derecho? Lo suponemos: superficial escepticismo con respecto a la sacralizad del derecho.
Alberdi sigue dejando al descubierto a los bárbaros héroes del sable frente a los nobles héroes de la ciencia y ve que en su momento los que están mas lejos del crimen de la guerra son Estados Unidos y Holanda por ser países que creen en la libertad. Él cree en el poder de la libertad: eso debe ser un constitucionalista y apunta a la paz como si leyera las declaraciones papales desde Pablo VI, que claman por la educación para la paz.
Educar en la paz, dice, es hacerlo en la mansedumbre exaltando la BUENA VOLUNTAD, es decir la voluntad que cede, que transige, que perdona. Aludiendo al texto de la Navidad dice: “no hay paz en la tierra sino para los hombres de buena voluntad…la paz como la libertad vive del transigir…abdicar el derecho en los altares de la paz con su semejante es del hombre nuevo”. Sí, todo americano debe estar orgulloso de este jurista constitucional. Y, aclara para los presidentes de hoy que van a la Iglesia o a las iglesias, que no hay dos cristianismos: uno para los individuos, otro para las naciones. Si la nación no supiera ceder sus derechos en beneficio de otra es incapaz de paz estable. Esto no implica disminuirse, empobrecerse porque: “la grandeza del vecino forma parte elemental e inviolable de la nuestra y la más alta economía política concuerda en este punto con las nociones de la política cristiana. Bueno Adam Smith era profesor de filosofía moral.
No puedo ocultar mi entusiasmo al haber leído un concepto semejante en el Mahatma y haber leído esto en Frigerio acerca del poder constructivo de la economía política. Pero hay quien enturbia siempre las aguas, las de la verdad, claro, los que se satisfacen con las apariencias. No son los que dan constituciones que, por eso mismo ven a priori.
He aquí que para insertarse en un acontecimiento fundacional debe haber algo extrahumano a lo que se llama sabiduría. Le tocó a nuestro jurista hablar con autoridad: “formad el hombre de paz si queréis ver reinar la paz entre los hombres”. Porque la paz vive antes en el hombre que en las leyes y refiriendo a las potencias dice: “no sabe ser fuerte quien no es capaz de comprensión” Y sigue exhortando a la buena voluntad: “en moral como en economía hacer el bien del prójimo es hacer el propio bien”. “Cede en vez de disputar: la paz vale todas las riquezas y la bondad diez veces lo que la justicia”. Porque se pueden practicar todas las iniquidades sin sacar el pie de la justicia. El hombre generoso nada puede dar de más caro que su derecho. “Porque la paz es la fusión de todas las libertades necesarias como el color blanco es la fusión de todos los colores prismáticos”. Paz implica orden y libertad poder, si la voluntad no está educada por la paz no es capaz de libertad ni de gobierno. Afirma que la misión más bella del cristianismo no ha empezado. Ser el código civil de las naciones que todavía no acaba de vertirse en realidad (y no ha leído ni a Thoreau ni a Tolstoi ni visto a Gahndi). Pero como decía y obraba Gahndi frente a sus compañeros que luchaban políticamente contra los ingleses dice él también como sabio: “la paz o está en el hombre o no está en ninguna parte”. No existe si no esta en los hábitos del hombre. Por eso el santo ayunaba hasta la muerte. Era así una obra de educación ¡y lo es hoy!
Y nosotros tuvimos en nuestro país el legado de San Martín y de la Constitución. Lo que debe ser, hay que decirlo: está plasmado ya en el derecho. No lo inventan los descontentos que deben aferrarse a cultivar la buena voluntad para alcanzar la paz y luego la libertad. Hasta los antiguos lo sabían: AMOR VINCIT ARMA.
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