Los enemigos de la nación son los del desarrollo que la integra. Así fue en la India y en la Argentina en la medida que podían perjudicar los inmediatos intereses comerciales de Inglaterra. La visión del desarrollo o el desarrollo como resultado llego sin embargo. El todo y las partes como elementos del concepto especulativo: veámoslo en las Condiciones de la Victoria, tercera edición, 1961, cap. 8: El Agro, pag. 146, escrito mientras Frigerio impulsaba el gobierno de Frondizi con el plan de estabilidad y desarrollo. Allí se postula precisamente aquello previsto por Alberdi en las Bases (a las que remito). En línea recta resultante sostiene Rogelio Frigerio: “para los argentinos no puede haber solución de ningún sector de la economía que no concurra efectivamente, además, a IMPULSAR EL PROGRESO DEL CONJUNTO NACIONAL. El primer deber a este respecto, es propender a afianzar la autonomía de nuestra vida económica. Todos sabemos que para que un país subdesarrollado resuelva sus dificultades, es necesario que expanda su economía no que la comprima. Que la desenvuelva armónicamente, tanto en lo relativo a su diversificación por rubros de producción como por su generalización geográfica a fin de que sus regiones se intercomuniquen recíprocamente, venzan su aislamiento y contribuyan a integrar un todo orgánico. Éste consiste en la UNIDAD NACIONAL cuyo fundamento material es una economía diversificada, armónicamente emplazada y fluidamente interrelacionada por el comercio y los transportes, SIN BARRERAS INTERNAS NI TRABAS QUE LOS INHIBAN”.
Y Alberdi pronunciaba aquello nunca asumido por el liberalismo vernáculo: TODA LEY CONTRARIA AL CAPITAL ES DE LESA AMÉRICA. Los liberales de aquí obraron a contrario sensu de los de allá, que lucraron con nuestra debilidad y nos asociaron como socios pobres de una economía que descapitalizaba y por ende desnacionalizaba, por derecha y por izquierda. Unos pretenden poner el problema del agro en la propiedad de la tierra y en vencer así al capitalismo y otros en la asociación desindustrializadora. Y tratándose de ideólogos se omite la razón económica: que el campo debía ser una empresa que con el mismo dispositivo en que se producen máquinas o zapatos se produzcan cereales o vacunos (¡estamos comenzando los sesenta!). Y que la base para ello estaba en el petróleo, el gas, la petroquímica, la siderurgia, el caucho, es decir la integración industrial. Argentina identifica como irrelevante todo lo que atañe a lo que llevó a las naciones a serlo efectivamente y no sólo de nombre.
Pasaron más de cien años entre Alberdi y Frigerio y cincuenta entre éste y nosotros. La agroindustria se produjo por globalización y ventajas evidentes de nuestro territorio en la novedad de la subida vertical de los precios de las comodities, pero la gran industria es de Brasil y la Argentina permanece aún discutiendo ideologías de izquierda y de derecha sin comprenderse a sí misma en el proceso constitucional de YRIGOYEN PERÓN FRONDIZI ni asumir lo que en la destinación de la historia hicieron. Canadá, Nueva Zelanda o Australia con el agro en su momento como países pragmáticos resolvieron la cuestión específica…quedan el fin de la justicia social y el del nuevo humanismo, mencionados por dos encíclicas fundamentales que no creo que allí se conozcan.
Los enemigos del desarrollo nacional fomentaron los separatismos y tuvieron éxito: “reforma agraria para llegar a la industrialización” contra la tesis correcta: “industrialización para llegar al desarrollo del campo”. Lo que nos frenaba entonces era lo exiguo del capital por causa de una economía subdesarrollada, es decir descapitalizante. Así se siguió concentrando todo en Buenos Aires y despoblando el campo contra la visión del padre de nuestra Constitución (muchas Buenos Aires en el territorio) además estigmatizado como “liberal” y no visto como especulativo como nosotros lo hemos comprobado.
Hoy todavía vemos las ideologías ir contra la oligarquía del campo en un momento cuando el desarrollo industrial brasileño tracciona nuestra propia industria y cuando Brasil nos ha desplazado como productor vacuno. Nuestra agroindustria derriba las barreras del subdesarrollo con dinamismo pero el concepto integrador del desarrollo no emerge. Hay confusión de la causa material con la formal con la final que hemos distinguido en este espacio ¡Y se sustituye con la inocua teoría de los valores de un modernismo periférico e híbrido! ¡Qué vigencia tiene siempre lo superficial! ¿Quién es Max Scheler en comparación con el pensador de las cuatro causas? Es moderno pero estamos ya más allá de los modernos. Además si se quiere ser socialista miremos por lo menos el materialismo dialéctico como básico. Los Rusos se desarrollaron industrialmente aunque fracasaron en el agro por querer colectivizar por decreto la producción. Pero por lo menos estuvieron sin ¡Max! Y llevaron la delantera en la carrera espacial. Y hoy la India de GANDHI, el santo que aplicó el sermón de la montaña de Jesús a la política y empujó a los ingleses con la no violencia activa, produjo la revolución verde con su Industria que exporta hoy cibernética y nos compra aceite de soja y girasol e invierte en la Argentina ¿Recordarán la exhortación de Gandhi? ¿O estaremos sólo en la revolución digital?
Nosotros seguimos exportando a granel manzanas para que los EEUU haga jugo, seguimos exportando harina, etc pero hablamos mucho de valor agregado. Palabras y palabras como aquellas que dejaban tranquilos a los populistas que se tranquilizaban proclamando: “nos pronunciamos por la liberación en contra de la dependencia”. Es como aquel gobernante de las estrellas en el viaje del Principito que les ordenaba estar donde estaban.
Pasemos rápido la vergüenza: no hay hoy en mi país mercado libre para el trigo (influencia nociva de la ideología que combate la capitalización: la de los pequeños) que además de perder treinta por ciento respecto del precio internacional tributa otros treinta por retenciones. ¡Y los que producen en zonas marginales no tienen para el pan!
El espíritu vale para el desarrollo de la persona, el desarrollo económico de acuerdo a las leyes objetivas de la economía para la base material, la democracia republicana para garantizar los beneficios de la libertad en la transparencia de las instituciones, justicia social es el fin hacia el cual el estado dirige su nave. Cuando se cumplen las condiciones la NACION emerge.
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