lunes, 20 de junio de 2011

LA REBELIÓN DE LAS MASAS

Ortega y Gasset acertó en el diagnóstico aunque desconocía los medios actuales de exteriorización solidaria en el comunismo de los cuerpos. Hoy la emergencia de la alteridad está en marcha hacia el límite de esta apo-stasía con respecto al principio de la intimidad de la persona. Se ha destruído mucho y se han cortado galanamente las amarras de las naves que van de este modo al garete en un mar multisonante.
"Vuelve a tí mismo" clamaba Agustín al comienzo de su época. Lo gravísimo es que no pensamos, decía Heidegger al final del callejón sin salidad de los modernos, no podemos pensar porque el ser nos ha vuelto las espaldas hace mucho tiempo. Y entonces las naves, es decir los individuos van en dispersión pero todos juntos, es decir masificados en este pluralismo de la posmodernidad o submodernidad como la llama Boeder.
Pero esto no es para alarmarse porque desecha la personalidad dibujada por la superficie de los modernos que ahora ha confluído en la otredad que aquí puede despertar lo que era en el principio: la persona. EL Verbo que era Dios o bien Dios que era el Verbo tiene una coyuntura favorable. Estamos en lenguaje que puede decir lo que desde siempre ha indicado pero ahora sin obstáculos tramados por talantes antimetafísicos ni traducido en sistemas conceptuales. Ahora el habla habla o mejor: dice directamente y persuade mansamente.
Gandhi hizo ingresar la absolutez del SERMÓN DE LA MOTAÑA en la política del mundo y fue reconocido como patrimonio de la humanidad. Hoy el Verbo dice: YO SOY QUIEN CONTIGO HABLA y se despierta una razón que nos da el orden de la paz.
No hay otro horizonte que la paz que es la tranquilidad en el orden, un vencimiento de sí con respecto a sí mismo que nos introduce en la intimidad de la familia, en el claro donde Dios mora en nosotros sin obligaciones morales heterónomas, en la patria donde refulge la libertad
absoluta con la transparencia del éter.
Tenemos mártires de la paz: Gandhi, Luter King, Mandela, y los santos que en el anonimato de la comunidad siguen los pasos de la hermana Teresa de Calcuta. Muchos héroes anónimos abren el claro que en el Verbo se abre: el habitar sobre la tierra, más acá del mundo que se compara al mar multisonante que poetizó Homero. La tierra es de las personas, aquellos hombres de buena voluntad que menciona Alberdi como soldados de la paz.
Las masas son la cola de una inundación de la cual emergen las personas o por lo menos son invitadas a emerger en su unicidad absoluta, que no son como los átomos de Demócrito que tienen ganchos y se aglutinan. Persona somos cada uno en nuestra intimidad de una vida sin duda poética, sin la cual no se puede habitar sobre la tierra.
Las naciones fueron proyectadas en la historia, fueron depotenciadas por el nacionalismo de los modernos y hoy esperan que la persona sea artesana de la paz en el mundo y goce de la filiación y por tanto de la hermandad. Sin moralinas, sin ideologías, sin masificaciones que le den la razón a don José Ortega y Gasset.

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