Escuchemos a nuestro jurista del Tucumán desplegar la sabiduría homérica que justifica la guerra como acto de defensa embelleciendo al héroe en esa circunstancia y afeando la venganza y lo sangriento, como en el caso del río que combate contra Aquiles. “La guerra puede ser legal en cuanto hecha por el legislador sin dejar de ser criminal en cuanto hecha contra el derecho”. En la guerra el juez es criminal. Puede ser el único medio de hacerse justicia a falta de juez pero es un medio primitivo y anticivilizado. Por eso La Ilíada toma el caso de la guerra para civilizar y educar (sabemos que la verdad tarda siglos y siglos para ser asimilada) y muestra en la Odisea aquello que es el fin de los fines: la paz.
Nuestro jurista que parece quijotesco afirma: “No habrá paz ni justicia internacional sino cuando se aplique a las naciones el derecho de los hombres”. Es decir la igualación del derecho civil con el derecho internacional. La guerra es la pérdida de la razón, es locura (consultar las descripciones homéricas). “El fin no justifica los medios sino los medios al fin…un pueblo civilizado no puede emplear medios que no sean dignos de él mismo” (verificarlo hoy en los acontecimientos de venganza de víctimas del terrorismo contra los terroristas).
La guerra es un sofisma que no resuelve las cuestiones. Lee Alberdi en su tiempo lo de la guerra del Vietnam, la de Irak etc. Se erige en juez de su enemigo quien hace esas guerras y seguramente con Rousseau dice esto que es fuente del sincrético Gahndi: “Un solo Dios, un solo hombre como especie, un solo derecho como ley de la especie humana” Bajo esta unidad deben relacionarse las naciones y no “como alguien que tiene la modestia de creerse la parte principal del género humano”. En Roma, señora del mundo ha podido nacer esta ilusión ¿Siguió existiendo por turno Roma? El planeta tierra tampoco es el centro y no hay centro y eso es democracia.
Acumula galardones nuestro jurista: “El derecho de gentes es y debe ser no más que el derecho civil del género humano”. Se llama internacional pero es interpersonal porque el estado es una persona que es una nación. Así avizora que se puedan formar los Estados Unidos de la Humanidad. De ese modo el derecho a la guerra sería el derecho penal de la humanidad. El derecho penal de un pueblo no puede tener otros fundamentos que el que rige entre hombre y hombre. Si la justicia es la medida del derecho y no hay dos justicias no hay derecho de hacer la guerra per se. La humanidad es la corte de justicia que lo hace civilizado al estado en sus reclamos. En la guerra se vuelve salvaje. La guerra como duelo debe ser abolida desde el derecho. Los pueblos se quedarán en casa y los que peleen serán los delegados estatales. Es decir el derecho regirá la disputa. Ahí tenemos a Hesíodo, segundo paso de Homero. “El derecho de defensa es legítimo pero se confunde con el de ofensa siendo imposible que el interés propio no crea de buena fe que se defiende cuando en realidad ofende” Y esta distinción, dice el padre de nuestra constitución, es obra de la justicia.
¿No habrá llegado la hora de someterse racionalmente a la Constitución Nacional que estatuye la división de poderes y garantiza la libertad como absoluto? De aquí proceden todos los derechos: del derecho. Hesíodo proclama setecientos años antes de Cristo que se debe aprender en cuánto la mitad es mayor que el todo ¡Cuánto arruina la falta de medida: en especial la impaciencia!
Lo supo la filosofía de la primera época que respondió el saber siguiente: METRON ARISTON, la medida es lo mejor. No dijo el éxito, la victoria, el honor, la riqueza. Así se lo enseñó Solón la rey Creso. El más feliz es el hombre justo que posee la paz en el hogar. La Constitución nos garantiza los beneficios de la libertad, para nosotros y para todos los hombres que vengan a habitar el suelo argentino. Y el hogar es el lugar de la paz, el fin. Así Ulises en Ítaca.
Escuchemos a nuestro padre: la Nación es una persona pues es la unidad de las personas. Y LA PERSONA ES EN CERCANÍA ÍNTIMA DE PERSONAS.
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