jueves, 23 de junio de 2011

EL AMOR ES LA LEY DEL HOGAR

Vale la pena repetirlo una y otra vez: la razón mide el obrar y el sentir del hombre cuando obra bien. El amor de caridad mide a la razón misma como medida de la medida. Y sabemos que esto es el ser, puesto que la Palabra hecha carne nos lo ha revelado.
Lo que hace algo absolutamente bueno es el amor de caridad, es decir el amor al amor de de quien nos hizo en el amor y para el amor de la pura bondad. La justicia está medida por la bondad.
En ello debe concentrarse la educación: en la consonancia con la bondad que mide la justicia. La educación debe conducirnos hacia la bondad que el amor del Dios- amor comunica. Es un hecho histórico incontrovertible: Jesús de Nazaret vino enviado por su Padre y se ofreció como sacrificio en el sacramento del altar (y no existe otra oferta concreta a ese respecto en otras religiones). Se han celebrado millones de misas en los dos primeros milenios y hay que afirmar con certeza que lo que allí acontece es la redención del mal que aqueja a los seres creados, los que han recibido el ser (nadie piensa que el ser es patrimonio suyo).
Rechazar una ayuda acerca del mal que verificablemente acontece es propio del suicidia. Hay mal y hubo redención o remedio para ello.
Se ha puesto la condición para aceptar la ayuda en la buena voluntad, que tiene como consecuencia la paz. El hecho histórico del rechazo de la Iglesia que gobernó a Europa por un milenio no justifica el rechazo de tal ayuda para el desenvolvimiento del ser humano: si algo lo mantuvo en jaque es el problema del mal, que pretende resolver no mirando su primera causa y así se encuentra cada vez con esa verdad goetheana: LOS MALOS SE HAN IDO PERO LOS MALES PERMANECEN.
El hombre no puede luchar contra el mal con la mera razón que hace buenos sus actos porque la razón se deshace al perder a su vez como medida la medida de la caridad procedente de la gracia. Creo que con algún grado de buena voluntad puede verse esto en el decurso del segundo milenio. Y he aquí que la explosión de la razón ha dejado en libertad el instinto dominante o rector porque el ir contra un dominio acarrea otro dominio.
El panorama actual de liberación es el del predominio de lo contra racional. Mas acá de la razón y de lo contra racional que dependen de la voluntad siempre condicionada por la cultura está sin embargo la persona, el sello del ser que cada uno tiene quiera o no, lo vea así o no.
El amor es el hálito que suscita la persona, el misterio de la intimidad, que constituye el hogar, del cual siempre se ha dicho que es célula de la sociedad. Esto quiere decir: fundamento. Dime que hogares tienes y te diré si alcanzas a ser nación justa donde reine la paz.
Alberdi ha desarrollado esto en su libro el Crimen de la Guerra y nuestra Constitución lo significa en su preámbulo cuando dice aquello felizmente célebre: "y para todos los hombres que quieran habitar el suelo argentino" ¿Entendía nuestro jurista del misterio del habitar? Por lo que se lee en el capítulo del libro mencionado acerca de la educación para la paz veía la diferencia aludida entre la medida de la justicia y la de la bondad que a su vez la mide.
Hoy podemos exhortar con más necesidad que nunca al habitar de las personas, más acá de toda ideología o diagnóstico acerca de las cosas, enharbolando el perdón del cual hablaba aquel personaje de los HERMANOS KARAMAZOV que transforma el mundo en un paraíso en el claro de la bondad simple, la cual adviene como consecuencia. Si todos perdonamos en todo, ante todo y para todo el mundo se transforma en un paraíso y de ese aflojamiento de la tensión surge la paz que es cercanía máxima entre personas, las cuales no se dividen por partidos sino que son tán únicas que no pueden agruparse sino que se congregan como la familia en el amor.
Y esto no es moralina, es la realidad del ser.

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