lunes, 30 de mayo de 2011

NACIÓN NO ES IGUAL A SOCIEDAD

La base o fundamento de la nación es la persona cuya destinación está antes que todo y que refleja la imagen y semejanza de quien la ha llamado a participar de la Persona en quien, por quien y para quien ha sido creado todo y que reconcilia en sí todo como cabeza o primogénito de la creación (así reza el himno escrito por Pablo a los Colosenses hace 2000 años).
La Nación es una proyección de tal destino al cual Alberdi llama "providencial". Nosotros subrayamos esto una y otra vez para aclarar que no es la sociedad la madre de la persona por más que incluya a los individuos, siendo un concepto descriptivo y válido en el ámbito óntico.
Cuando hablamos de Nación y de Movimiento Nacional estamos en otra dimensión que no es la inmediata cuyo método es la mera descrpición. Nosotros hablamos de destino y así lo hace Alberdi como lo hemos señalado. Y es válido su concepto especulativo por ser el padre de nuestra Constitución. Que hoy se haya evaporado algo así como la razón metafísica y esté vigente un talante posmoderno no autoriza a diluir las Bases de nuestra Constitución sobre todo cuando estamos incumpliendo la Constitución que ha sido dada para el desarrollo integrador de nuestra Nación (ver Sistema económico rentístico de la Constitución Nacional. Basta viajar por nuestro territorio para ver la insuficiencia de la mera forma de la Constitución sin atención de la materia que es la integración productiva (por eso es deficiente la justicia social que sería el fin de la misma).
Basta circular por nuestras rutas y ver las asimetrías del crecimiento que se da por la evolución del mundo actual y su tecnología con el desarrollo. Hay que reconocer que no podemos abastecer el incremento de las necesidades de trabajo anuales por la incorporación de las nuevas generaciones con la pobreza consiguiente. Se repite hoy: crecimiento no es desarrollo pero no hay una conciencia clara para salir del subdesarrollo y menos cuando se está creciendo en toda la región por la incorporación de los gigantes asiáticos.
Pero viendo cómo ellos han suspendido las ideologías o el poder somnífero de las religiones para que se pueda activar el desarrollo (ya Alberdi decía que necesitábamos ingenieros y no teólogos) nosotros persistimos en el juego de palabras como frente "progresista" defensa de los principios o ideas que nos dividen de las derechas mientras existen muertes por desnutrición en el país donde Alberdi escribió las Bases en 1846.
Pero debemos repetirlo: otra dimensión es aquella donde ya no la moralina de los valores sino la exhortación a la santidad que es patrimonio de las religiones debe desplegarse para salvar la emergencia de las personas que son el diamante de la existencia.
Cada uno a lo suyo: urge el amor en ambos casos.

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