La sabiduría está al alcance de toda persona pero no de todo el mundo porque en el mundo no cabe sabiduría más que la de este mundo. Así San Pablo por un lado y Rousseau. Uno es el escritor del estatuto de la Iglesia como gran sacramento, el otro el del estado república. El primero habla de la sabiduría de la gracia como locura para el mundo. El segundo pronunció aquella célebre frase: el hombre nace bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe. En cuanto al saber de las Musas hay que recordar lo que Homero asegura antes del catálogo de las naves cuando subraya que las Musas todo lo saben por estar presentes a todo mientras que los hombre solo saben lo que el mundo les da como caja de resonancia: la fama.
En rigor aunque en la primer sabiduría el poeta sabio talla sus personajes como héroes bellos o plenos en la forma y en la tercera se configura el ciudadano universal en Emilio educado por la naturaleza en la piedad, la persona es el misterio que se proclama como revelado después de haber estado oculto por los siglos. Y así lo estampa San Pablo en sus himnos y luego San Juan en el envío de las personas y su relación íntima. El Padre que envía al Hijo y el Hijo qu eenvía al Espíritu Santo y las divinas Personas que hacen morada en nosotros.
Cada hombre en su rincon paladea estas tres sabidurías y en germina en él la persona que no es meramente una cosa espiritual sino una creación del Espíritu. El amor es esa llama que la enciende y por eso es el recogimiento una condición necesaria para la persona.
Lo contrario de esto es lo ya señalado: la masificación en medio de la multiplcidad de las cosas. Prosificación devastación que lava todo el humus de la humanidad. Repetimos una y otra vez al sabio poeta de la tercera sabiduría, Federico Hölderlin: LLENO DE MÉRITO MAS POETICAMENTE HABITA EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA.
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