El discurso de la Sociedad Rural Arentina es un ejemplo de una contra- historia donde se reconoce una parte eludiendo con injusticia la plenitud de la totalidad de la paz: tranquilidad en el orden según lo IGUAL Y LO DESIGUAL, según lo consonante y no consonante (todo entra configurado en la paz). Y ese discurso se apoya en Sarmiento, dejado de lado en el bicentenario de su nacimiento en los homenajes oficiales, aquí visto antropológicamente como héroe único y sectariamente, visto como adalid de una línea de la Historia Argentina rediviva en la irresponsabilidad de este pensamiento aparente y no verdadero.
Precisamente se quedó estacionado en la fijeza del entendimiento no dialéctico basándose en la limitación de un Sarmiento exaltado por la línea que se considera liberal (¡ni siquiera lo es!) de la Historia Argentina que expulsa fuera a la línea populista. Es decir: un remozamiento de las antiguas luchas entre unitarios y federales. Y es Juan Bautista Alberdi quien con un pensamiento especulativo, positivo, hizo resultar la paz,la síntesis de unitarios y federales (ver Bases y punto de partida de la Constitucion), la unidad o la nación: la CONSTITUCIÓN que funda la República
¡Alberdi que también cumple doscientos años de su nacimiento y que fue olvidado por ambos grupos enfrentados! ¡Él, el CONDITOR REPUBLICAE! Esto se afirma en el libro imparcial de un jurista español, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España Pablo Lucas Verdú.
Tenemos en la Argentina un constitucionalista que tuvo el privilegio de ver su proyecto constitucional, integrar en la realidad objetiva la Nación. Esto para Verdú es raro y admirable y o compara con muchos otros proyectos. Para el pensamiento filo-sófico es obra del destino providencial de la Historia, como hemos escrito en este espacio. La Historia es un MOVIMIENTO INTEGRADOR DE LAS NACIONES. Los hombres con su entendimiento privado la desconocen y traban su destino con el libre albedrío que exige virtudes cardinales para que éste no destruya la unidad y la paz.
Alberdi de la misma edad que Sarmiento tuvo esa obediencia al destino de la Historia. Pero en medio del pensamiento abstracto del entendimiento dominado por la vida del hombre natural, varado en la sensibilidad no espiritual, se destaca el impulsivo y talentoso Sarmiento frente al prudente y filosófico Alberdi. Hoy todavía padecemos las antinomias sin la síntesis del pensamiento positivo racional del fundador efectivo de la esencia manifestada de la República, su Constitución.
Se escuchan los ruidos disonantes de los partidos, de los sectores, de la conciencia sensible, de la anarquía liberadora, de la abstracción conservadora, de todo lo que no quiere abrazar la unidad de la paz.
Mientras no haya reconocimiento no habrá Historia, que es la verdadera integración nacional. Virtudes morales e intelectuales se requieren para la Nación y ¿las virtudes teologales de donde procede la paz?
Recordemos aquello de Juan Pablo II: LA PAZ SERÁ LA ÚLTIMA PALABRA DE LA HISTORIA. También la inspirada de Pablo VI: EL DESARROLLO ES EL NUEVO NOMBRE DE LA PAZ.
Señalamos que la Historia exige ser historia, no sólo en la Argentina, sino en su totalidad, porque nada parcial prevalecerá y el proceso de integración de la Naciones en una Historia Universal es lo que tiene que ser ¿Cómo será esto? Cae fuera del poder de los individuos o de las masas pero no de los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD, como lo señaló Alberdi en el Crimen de la Guerra.
La persona que somos cada uno és el lugar donde se manifiesta el Espíritu de la Paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario