Dijimos frente a toda antropología o semiótica que la NACIÓN expresaba un destino. Las civilazaciones antiguas que llegaron cerca de nuestra época consideraban al poder como de origen divino. Nosotros nos burlamos de nuestra edad media con superficialidad ideológica pero liberales y progresistas deberán reconocer primero que la POLIS, la POLÍTICA, LA POLITEIA, LA CONSTITUCIÓN son consideradas por los libres griegos como "divina". Así como la causa primera de todo es divina según el creador de la EPISTEME Y DE LA LÓGICA.
El poder se manifestó en los helenos no como emanado de un individuo elegido por la divinidad sino como la divinidad del derecho mismo que hemos nombrado como THEMIS y DIKE, la cual tiene dos hermanas: EYPHROSYNE Y EIRENE, el buen orden y la paz. Los individuos bajo la ley (sean gobernantes o gobernados) en la POLIS que venció al imperio Persa fueron beneficiarios del saber de las Musas de donde se originó (hoy se ve logotectónicamente) la Filosofia o saber conceptual que tiene su origen en la concepción del ente parmenídeo, la dialéctica de las ideas de Platón y la teoría de la sustancia y del acto puro de Aristóteles, para quien la Política es una ciencia filosófica.
En cuanto a la divinidad del Estado en el nuevo tiempo (nuevo arte, nueva ciencia y nueva religión) suele ser para el moderno actual objeto de burla: cuando Hegel lo expresa, pero he aquí que tiene su sabiduría en Rousseau, Schiller y ´Hölderlin en donde se lee la divinidad absoluta de la NATURALEZA como fuente del Estado, plasmación del ciudadano libre, producto de la naturaleza y del Dios de la libertad. Todo esto, Rousseau, la Revolución Francesa, se trata con una liviandad impresionante. Dependen de un pensamiento que se dice: todo surge por generación espontánea.
Nuestra Constitución en la Argentina según lo explica Alberdi tiene como origen al Dios revelado en el Evangelio y lo hemos explicado ya aplicando las cuatro causas: eficiente, final, material y formal.
De ninguna manera nos apeamos del destino de nuestra patria (cómo ha sido) ni de aquella sabiduría de la nueva época, para andar por el positivismo del derecho, por un liberalismo que ignora su fuente en Rousseau (del origen de la desigualdad, de las Ensoñaciones de un paseante solitario, del Emilio) y menos aún en el poeta de los poetas (Hölderlin) y no podemos descender al estado proletario de Marx porque no existe.
Hay un Estado, una República, una libertad trinitaria y lo otro del pensamiento anárquico es precisamente otredad sin fin. De todos modos si para ellos hay que liberarnos del poder para nosotros el poder no está donde ellos apuntan: EL PODER ESTÁ EN LA PERSONA. Allí está el absoluto. en cada uno de nosotros y de allí surge la nación.
La persona que se descubre en mí no se atará jamás al carro vencedor de ninguna ideología, masificación, del poder de las ciudades de la tierra con sus fenomenales medios de comunicación.
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