sábado, 6 de agosto de 2011

SUSTANCIA Y ACCIDENTE

Desde que Aristótles vio tal distinción podemos afirmar que esto es sustancial porque es siempre lo que es y esto otro es accidental porque cambia, a veces de negro a blanco. Y se reprocha a una persona que cambie de posiciones políticas o que vote a uno y luego a otro: lo peor es tomar por sustancia algo que es accidente y hacer del blanco o negro una cuestión sustancial. Es cierto que hay accidentes que se heredan por costumbre: BOCA O RIVER porque mis parientes son de uno u otro. Pero nadie "es" Boca o River, Barcelona o Real Madrid, "es" en el sentodo del ONTOS ON: ser verdadero. De hecho cualidades cercanas a la sustancia o cantidades que modifican todo son cosas que importan pero tienen la dificultad de sumergir lo sustancial como nada. Y en realidad pasando de la época de la sustancia OYSÍA consumada en el maestro de Alejandro Magno y autor de la POLÍTICA, LA POÉTICA Y LA METAFÍSICA a la época de la PERSONA que tiene su cimiento en SAN PABLO Y SAN JUAN vemos facilmente que la persona y su dignidad reside en la permanencia eterna que le corresponde por ser imagen de la IMAGEN O PERSONA DE LA PERSONA del HIJO QUE PROCEDE ETERNAMENTE DEL PADRE los cuales ESPIRAN LA PERONA DEL ESPÍRITU.
Por teológico que esto parezca y adjudicado al prejuicio de la fe hay que decir que es absolutamente real, es decir SUSTANCIAL ¡Esto sí que no cambia y no es afectado como el individuo sustancial aristotélico por ningún accidente!
La persona, lo repetimos incansablemente en estas circunstancias políticas, no es de derecha o de izquierda, mera portadora de ideas, que dicho con insistencia, sí que cambian y hasta se vuelven opuestas o por lo menos se modifican. Sucede que el hombre es "la idea" y el meollo de ella es la persona que nunca cambia ¡como el amor! Cuando alguien es sincero ama y luego su idea de la justicia no cambia aunque su ideología se modifique. Cuando alguien no ama da lo mismo que "sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón". Y el amor nombrado por la antiquísima palabra AGAPE (FIGURA EN HOMERO COMO AFECTO ÍNTIMO) despeja la persona y la expresa con el Verbo, que "era en el principio".
SPIRITUS SPIRAT, el Espíritu espira o sopla y aviva la brasa íntima, bajo las cenizas de las cosas, hace arder la persona que en el mundo se coloca accidentalmente aquí o alla, así o asá (en Australia o Finlandia). Y el esquema de este mundo pasa pero la persona que cada uno somos no pasará, como el amor...según el soneto 116 de Shakespeare.
Decía Landrú con gracia: si Napoleón Bonaparte hubiera nacido en este siglo hubiera sido afinador de pianos (estaba todo el tiempo la propaganda de un afinador que se llamaba NApoleón Debarbieri). Pero hay que aplicarlo a la política, si es que conocimos a algún gobernante que le tocó responder a la misión de la historia y luego lo vimos gobernar después en un proceso contrario a la construcción de la historia y vimos que ya no era aquel héroe, imbuido de aquel carisma: vimos que la historia le había dado su misión sagrada, la de la integración nacional y luego una suerte de contra historia le exigía precisamente la desintegración, contra su voluntad. Ortega y Gasset hizo célebre aquello: YO SOY YO Y MI CIRCUNSTANCIA. Ocurre don José que eso es correcto pero no verdadero. Porque el YO NO ES LA PERSONA y su destino aunque la circunstancia se lleve al yo y aún acabe por desyoizarlo o imprimirle su ser siempre otro, como ha ocurrido en la submodernidad.
Pero el esquema de este mundo cambia ¡Vaya si está cambiando! Preguntémosle a Stephen Hawkins: ya no estamos en el cosmos newtoniano. Si todo cambia así en el sentido de una explosión solo nos queda el ser que somos antes del COSMOS, ES DECIR LA PERSONA.
La política deberá realizarse en consecuencia con esta permanencia...y en muchos caso los hombres lo hacen así. Y cada uno es juzgado en el amor. y de ello brota el objeto de la política: LA PAZ.

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