El individuo que tiene como horizonte sólo lo particular desemboca en lo arbitrario y no alcanza lo universal donde el individuo se realiza. Si es gobernante lo universal implica que su acción sea la realización consonante con el destino de la nación y se vuelve un paradigma, un hombre paradigma "Dime qué ha llegado a ser el hombre de estado y te diré como pueden ser los hombres del pueblo" Hasta que a los hombres de estado no los mida la virtud los hombres individuales se verán a la deriva como barco sin brújula. Paráfrasis de Platón Y Aristóteles.
Pero el hombre no se agota en esta dimensión de la POLIS (¡menos mal porque poco hubiera sacado de sus gobernantes!) El hombre ha sido redimido de su condición, precisamente, pecadora, manifestado en la historia, individual no institucional,porque el derecho le es otorgado, y esta redención se le revela en su ser donde se muestra su rostro, imagen del salvador Nace su visión de la persona al calor del Espíritu Santo. Aquí se hace partícipe por gracia de la BONDAD ¡Y esto no lo puede destruir ningún rey o gobernante del mundo ni el sistema enajenante del "uno" del mundo. Ahora lo mide la BONDAD de lo que se llama "Dios". En esto consiste la salvación. Lo otro es folklore o moralina. El gobernante estará medido por la BONDAD y será juzgado por ella, gane o no elecciones. "No tendrías poder si no te hubiera sido dado por mi Padre", oyó Pilatos.
El hombre es educado en cuanto humanidad y es educado en la belleza (Schiller) por la naturaleza previa a cualquier manoseo social. El individuo ingresa por lo particular de su pueblo en la universalidad de su patria y en la casa de la tierra. El gobernante será exigido por esta absoluta belleza. Deberá ser santo: el de la libertad.
Así como está determinado por la bondad de Dios en cuanto persona. La libertad lo hará verdadero, la bondad lo hará pacificador o artesano de la paz en la convivencia.
Se dirá: ¡vaya utopía! Solo se habita en ella, dice Jean Jaques. Y hay que decir que la humanidad recién comienza y que un destino lo envuelve en medio del arbitrio de las individualidades. ¡Ánimo, nos llaman la bondad, la libertad y la virtud! No estamos al fin de la obra, no somos los últimos: sería arrogancia creerlo.
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