El poder tiene un origen espurio según la sabiduría del Génesis y de las tentaciones de Jesús en los evangelios sinópticos. El mismo Dios que es TODOPODEROSo, el ser subsistente por sí mismo, DICE POR SU VERBO QUE EL PODER ESTA EN LA HUMILDAD DEL SERVICIO, EN QUE EL ÚLTIMO SEA EL PRIMERO Y EL PRIMERO EL ÚLTIMO.
Según la palabra directiva del Verbo, el poder que se debe apetecer es el ser último: total paradoja que provoca al pensar purificado A QUE PIENSE.
En el saber anunciado por las Musas a los poetas el poder reside en la proporción de la justicia expresada en una Constitución que lo distribuye y pone el derecho sobre los individuos Y YA NO MÁS EL PODER RESIDIRÁ EN UN SÁTRAPA, vencido ya en Maratón. La apetencia debe dirigirse al bien por la virtud que la rectifica. El bien es medida de la justicia como lo prueban los diálogos platónicos.
En el saber civil la fuente del poder es la naturaleza que nos hace libres en el proceso del espíritu que posee en su libertad la belleza. El poder está en el ciudadano sujeto del derecho cuya objetidad es el estado y cuya absolutez está en el espíritu libre (del arte, la religión y la filosofía).
No hace otra cosa el posmodernismo que anunciar la liberación de todo poder y autoridad del LOGOCENTRISMO en aras de la an-arquía. Tan celoso es de la liberación que postula la carencia de principio.
El folklore de las elecciones alucina a las masas. Se ven unos en el poder cuando triunfan como los que ganan un clásico en el fútbol: ganancia efímera que vive de la apariencia. El poder se transfiere o enajena a las autoridades ganadoras que podrán hacer ya lo que quieran frente a todos y en especial frente a los que no ganaron por más que hayan sido votados por muchos millones de personas. Aquí lo que cuenta es la cuenta, lo cuantitativo. Hemos dicho que en medio de las masas languidece la persona. Por eso la Palabra del ser que indica al AMOR o AGAPE es agapocracia y recomienda el perder, pues en el perder halla la ganancia.
El tratamiento exhaustivo que hace William Shakespeare del poder en las tragedias de los reyes, Ricardo III por ejemplo, en Macbeth y en Hamlet nos hace decir que en la apetencia del poder que la demagogia posee y el populismo ejercita en sus orgías electorales hay olor a podrido. En la mesura se disminuye un poco este olor pero los candidatos pretenden dejar de lado la sacralidad de la ciudadanía y perpetuarse o ascender en el poder. Si se considerara la autonomía del Guillermo Tell de Schiller se interpretaría correctamente lo que voy diciendo.
Pero la supremacía de la apetencia de la apariencia del poder sobre el poder verdadero que es el real no tiene futuro, las instituciones del derecho van avanzando abriéndose paso más y más entre lo arbitrario y lo particular. Platón profetizó: algún día nadie querrá el poder y habrá que obligarlo a detentarlo porque serán filósofos o amantes de la sabiduría, que como mostraba Sócrates en su último día en prisión, buscarán morir a las apetencias y serán llevados por la belleza del bien o arrastrados por naturaleza al saber, según lo expresó Aristóteles.
Hoy en las colas para votar brillaban en el pueblo los ojos de las personas que fueron alumnos míos y yo fui porfesor de ellos (claro de FILOSOFÍA) EN UNA COPERTENENCIA en un afecto interior de la mente que llamamos CARITAS O AGAPE. Así prediqué en el ejercicio de la DEMO-CRACIA la AGAPOCRACIA. Después vino la DEMAGOGIA POPULISTA DEL FESTEJO QUE UN DÍA ES DE UNOS Y OTRO DE OTROS. En la demo-cracia tiene que ser de todos.
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