jueves, 4 de agosto de 2011

HAY PERSONAS Y TODAS VALEN

Las personas no son de izquierda ni de derecha. La nación tampoco lo es ni ha de ser una mezcla de todos los individuos en sociedad. La nación es una totalidad destinal, lo hemos dicho con Alberdi. No está sujeta a las opiniones pero sí a las personas, sustancias íntimas de hondos afectos, de una profundidad que no puede ser medida sino por el amor que no pasa, como escribe Shakespeare en el soneto 116.
En las elecciones las personas están sepultadas por la feroz competencia ¿Para qué quieren ser elegidas si la persona de por sí ha sido elegida por Dios antes de todos los tiempos? Si es por vocación de servicio, ello dirá. Sé que la palabra Dios es considerada incoveniente en estas cuestiones. Pero he aquí que en ella se trata de Personas y comunidad máxima de las mismas y lo que en la política se tiene como objetivo es la comunidad. Dios debe servir de modelo de la comunidad en cuanto TRINIDAD de PERSONAS cuyo vínculo es el AMOR. De hecho el ser de Dios es el AMOR y es medida de la razón. Lo repetimos por una suerte de CATARSIS de todo lo escuchado en las campañas políticas. Lo mencionamos cuando tocábamos la obra política de Gandhi.
Ahora se vuelve necesario apuntar a lo que verdaderamente existe: la persona. Lo demás está en ella o le sirve a ella en su condición corporal y social. Los candidatos y los votantes son personas y han existido en la dimensión del ser antes y existirán después.
Y el ser es infinito y "es su bondad" no tiene meramente bondad. En Dios no hay bien y mal: por su simplicidad, eternidad, unidad, perfección. En la criatura que tiene ser pero no es su ser la bondad no es constitucional: puede elegir el mal, puede pecar, tiene finitud por sí. De hecho puede elegir o no la bondad que se le ofrece, puede rechazar el amor, puede olvidarse de su persona y valorarse como cosa. Así lo hicieron una parte de las criaturas espirituales.
Se suele decir: no pensaremos hoy que estamos solos en el universo. También ha de pensarse: no excluiremos del orden creado o del ser a las criaturas puramente espirituales ¿Por qué hemos de ser solo los seres corporales que tenemos espíritu? ¿Solamente crearemos nosotros?
El mal existe en nuestra experiencia ¡y vaya si hay mal! Pero lo vemos solamente en sus causas segundas. El origen del mal está sin duda en el rechazo del amor y de la bondad, tal como lo sugieren los hagiógrafos y lo narran los testigos auditivos de Jesús. La cura contra el mal reside en la conversión hacia la bondad sustancial que reside en la cercanía amorosa de las personas. Si nos dirigimos hacia la simplicidad de infinita bondad dejamos atrás los males, expresados en el verso de Goethe ignorados por quienes hablan de quienes son los malos:
LOS MALOS SE HAN IDO
PERO LOS MALES HAN PERMANECIDO

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