domingo, 14 de agosto de 2011

CATARSIS DE Y FRENTE A LA DEMOCRACIA

Muchos pueblos todavía no poseen lo que el pueblo de Atenas vivió junto a Pericles y a Sófocles y sin duda que el proceso en general del mundo sin hacer distinciones va en el sentido de la liberación democrática. Pero ¿acaso este proceso que debe liberarnos de guerras civiles y que podría liberarnos de las mundiales lo es todo? Efectivamente el poder tiende a repartirse y a ampliarse en todo sentido ¡Cómo ya nos explica Alberdi la relación expansiva de la economía con la vigencia transparente de la libertad!
Sin embargo esta liberación del mundo ¿hace feliz o pleno al hombre? El mundo sigue en este proceso que refleja la así llamada liberación del hombre con respecto a su ser hombre tal cual la misma modernidad diseñó. Y en esa medida se des- estructura y libera de todo vestigio de moral, sea aristótelica, estoica, kantiana, shelleriana,cristiana y sobre todas las cosas católica. La moral tuvo la felicidad como asunto. Ahora se trata de liberarse sin cesar de lo que nos ha sido dicho o en la mezcla de todo en un pluralismo sin término. La democracia se inscribiría facilmente en este último pluralismo ¿Pero debe el pluralismo político abarcar tambien la moral?
De hecho la base de esta incertidumbre moral está dada por el libre albedrío narrado en el cuento de los cuentos: el de Adán y Eva. Quien lo escribió ingresó en un presente que se juega cada día con cada persona y dificilmente pueda ya entendérselo en la línea del continuo de los sucesos narrados en la Biblia. La ciencia del bien y del mal es una experiencia de cada hombre por siempre. Nos acecha el mal y aspiramos al bien y mezclamos bien con mal. Pero sobre todo ahora después de Nietzche vamos más allá de ellos, primero en pos de un más allá del hombre histórico y luego del mismo hombre moderno. Seguimos eligiendo incesantemente.
La catarsis de esta situación progresiva es ingresar en lo que también en la esfera del lenguaje se nos dirige como lenguaje: la palabra que existe dirigiéndose hacia nosotros y apelando a cada uno como persona antes y después de nuestra pertenencia a un institución visible. Esa palabra nos llama, nos habla e ingresa en nuestra intimidad y requiere de ella. Allí no hay cosidad, ni sociedad sino persona y persona, más acá de todo ruido mundanal. No hay más que responsabilidad y correspondencia que vence la antinomia del bien y del mal porque se coloca antes que se divida, se coloca en la palabra que habla y persuade con su humilde mansedumbre y nos religa allí en la humildad del servicio divino o piedad.
Sentiremos otra libertad: la de la inclusión en el ser de las personas y habitaremos más acá sobre la tierra en la cercanía del cielo. Aquí seremos vecinos, una persona de la otra, en la medida del distanciamiento que nos guarde para la palabra del maestro interior. Algo que algunos sabios han realizado y realizan muchos que no sabemos. Aquí está el DEMOS de la proximidad de las personas y la felicidad se vuelve asequible en esta simplicidad de la tierra. Más acá de las cosas a cuya liberación asistimos unos con escéptico estupor y otros con dogmática admiración.
Más acá del ámbito que todos llaman realidad, del ámbito del cálculo, estamos cada uno frente a nosotros mismos donde resuena la palabra del alma que nos catartiza de toda cosidad. El Principito de Saint Exupery por tan conocido no es más comprendido o experimentado. No he visto que nadie se haya aprontado a domesticar, a pacificar haciendo hogar, a llorar ante los quineintos millones de cascabeles desde donde se nos acerca el amigo, la persona, el otro COMO PERSONA en la serenidad y la corresponsabilidad.

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