viernes, 5 de julio de 2013

LOS MALOS DEBEN ABUENARSE

Se hace mal el diagnóstico. El mal traba a la persona elegido antes de la fundación del cosmos. 
En primer lugar no se ve ni se conoce la persona en medio del mundo, que precisamente es lo que vino a ofuscarlo.
El escritor sagrado lo describe en la salida del paraíso: su mundo se le viene encima con la enfermedad y la muerte. Y hay pluralidad de enfermedades: físicas, psiquicas, morales e intelectuales.
Ahora comerá el pan con el sudor de su frente, no sólo materialmente (esto lo logrará superar con la técnica) sino espiritualmente: cada hombre deberá construirse y volverse sabio con su propio esfuerzo: luz no le faltará pero sus potencias estallarán revolucionadas. Un torrente de instintos lo envolverán como un río siempre desbordado. Y encima el azuzador, el calumniador, el contradictor estará enfrente como un jugador del equipo contrario. Habrá deporte que le será un signo de este hecho que llama a la superación de sí mismo.
Pero el hombre lo transformará en el triunfo exitista sobre los otros. Y al mal lo verá en los otros. Y luchará contra los malos pero los males permanecerán, como escribió Goethe.
Cada hombre que nace deberá vencerse a sí mismo para hacerse hombre. Y si no lo hace proyectará su desequilibrio sobre el mundo, hoy lleno de redes sociales comunicativas de su estado.
Claro está que la persona sigue en el centro de la existencia y no puede morir. Pero el ofuscamiento es enorme por acumulación y el ejercicio de autoliberación según avanza la civilización es casi nulo. La sociedad, la gente, todos amuchados, más y más conectados en lo que no somos en sí.
El diagnóstico debe ser salvar su ser íntimo y desde allí dejar fluir la relacionabilidad sustancial de la persona con respecto a las Personas y a las otras personas con las cuales somos uno siendo otros, como ocurre con las Personas Divinas que son otras y distintas pero no otra cosa sino unas.
Los hombres de todas las vocaciones piensan igual: ven el mal donde está pero no de donde procede no de qué surge. Ven los problemas pero no desde el problema. Y con más amuchamiento y moralinas pretenden que se acaben los males y cambiar el          mundo. El mundo está siempre en cambio pero las personas en su enjundia están sepultadas. Liberen las costumbres que conspiran con las modernidades pero lo que somos permanecerá sepultado con más escombro.
 Hay unos que no: se los llama santos.
Hasta que los gobernantes no sean santos o los santos gobiernen no se combatirán con eficacia los males. Los malos deben abuenarse.
Instituciones y leyes tenemos pero sin personas.

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