viernes, 12 de julio de 2013

EL MAL Y EL BIEN

Encontramos que la constitución de algo así como el "movimiento nacional" exige virtudes heroicas como las que se expresan en las bienaventuranzas.
Quienes las expresó en el sermón del monte no les hablaba a religiosos de carrera sino a quienes se consagran al bien en total.
Los intereses particulares arruinan la totalidad. Ejemplo: el cardenal Richelieu y la ruina de una Europa unida por el delirio del poder. Inglaterra fue especialista en particularidades.
Luego el sermón del monte alcanza a la bienaventuranza de los hombres que se aleja siempre ni más menos que por el pecado. A todo nivel. Las ideologías vanalizan el problema. Ejemplo: el capitalismo es el culpable. Pero si se les dijera que la génesis de éste no está sino en quien rompió la unidad de EUROPA, el calvinismo, no lo soportarían.
Así lo mostró Max Weber. Pero donde uno dice A otro puede decir B y anular todo. 
Y no bastan virtudes flojas sino que han de ser heroicas. Yo lo estoy viendo en mi país. Cada uno puede verificarlo en la dificultad que hay en construir una unidad en pos del bien común. 
No podía ser vana la palabra de quien abrió su boca para enseñar en el monte. Pero tampoco lo es ahora. De algún modo debemos tender al bien y dirigirnos a lo mejor y bello. Si Aristóteles no lo supo nosotros sí: hay un Padre providente ya que hubo un Hijo que es nuestro maestro.
Buscamos el bien y no resultados. El es la causa primera nosotros causamos lo inmediato. El capitalismo es tal que sin él no podemos concebirnos hoy pero sí pretendemos el bien que no es fácil de visualizar en medio de tantísimas particularidades. Lo malo no llega a ser pésimo. 
En un momento Richelieu arruinó la unidad. Hoy Europa es una unidad y está en crisis por la prosperidad mal llevada ¡Cómo se mezcla el mal en todo!

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