sábado, 6 de abril de 2013

EL CÁNTICO POLÍTICO

No pretendo tener éxito con la mención del cántico de la Virgen como CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL UNIVERSO, noción que tengo desde hace no menos de treinta años. Nunca conmoví a nadie por cierto con ella. Sin embargo lo digo muy en serio: lo que llaman historia es la fenomenología de la exaltación de los humildes y el abajamiento de los poderosos. Los ricos se vuelven vacíos y los humildes se colman de bienes. Nunca he escuchado un comentario o subrayado de estos dichos gloriosos. He visto solo un paso veloz por las palabras y un considerar a continuación la realidad como dando el mentís a nuestra madre.
Es nuestra madre, en primer lugar. Los siglos lo prueban ¿Quien podría predecirlo en los años del emperador Tiberio y luego de Nerón y Domiciano? ¿Quien podría anticipar entonces una peregrinación a Lourdes o a Luján o a Guadalupe o Itatí? Es nuestra madre además porque es, Nestorio aparte, madre de Dios.
Y NADIE PODÍA ANTICIPAR EN TIEMPOS DE ESPARTACO LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DEL SIGLO 21 POR REIVINDICACIONES IMPENSABLES HASTA HACE POCO. Es cierto que los males persisten aunque los malos se hayan ido, como poetizó Goethe, pero esto tiene una raíz profunda, la del mal en sí mismo.
El mal es un misterio que procede del bien mismo. El conocer la ciencia del bien y del mal es una instancia conocida hace 2700 años según el escrito de los sabios hebreos. Hay mucha miga en esa fábula y no se la absuelve con doctrinas socialistas ni cientistas para las que valen las palabras de Goethe.
El mal acosa y todos tenemos experiencia de él, salvo que ya nada nos importe. Por eso tenemos una madre que pasando por los dolores de la espada que atravesó su corazón canta la predilección de quien es santo por la humildad de su servidora y magnificando por la palabra a Dios se llama feliz por las generaciones.
Esto tiene todavía más sustancia y es un cántico que sana sólo por escucharlo. Pero además está en estado de realización.

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