Cuando escuchamos una discusión de izquierda con derecha experimentamos aquello de Hegel: lo verdadero es el todo pero que se consuma por su desenvolvimiento. Para ver la nación, lo hemos dicho, hay que pensar especulativamente (tercer nivel del pensamiento lógico). Eso en el caso que queramos admitir que hay verdad y que se necesita algo así.
La realidad por su parte claro está que no coincide con la verdad. Ella surge de un proceso especualtivo del espíritu, que por ser invisible y porque solo creo en lo que veo, tampoco "tiene prensa".
¡Lástima! Pensábamos ser fundadores de escuelas, escribir, cuando durante seis años estudiamos día y noche la Filosofía del Espíritu con alguien que había descubierto al joven Heribert Boeder en Friburgo: Juan Ramón Sepich. Ahora me veo escribiendo en un blog y parezco como aquellos que archivan materiales fílmicos del cine mudo. Sin embargo el pensamiento especulativo, decía el maestro, se porta en el desenvolvimiento de lo verdadero en uno mismo, el movimiento del concepto lo hace a uno libre, feliz y verdadero o verídico: real y efectivo, uno, libre.
Un ejemplo en la interpretación política de la realidad (con qué ingenuidad la nombran así!): no se podría de este modo especulativo ser de izquierda ni de derecha sino como hemos repetido aquí con entusiasmo, ejemplificando en Alberdi y Frigerio, sólo nos experimentamos como "nación" integradora de todo pero por el desenvolvimiento de un pensamiento que asume pasando a un resultado "verdadero". Un sobrepasar lo parcial llevado por la plenitud de un concepto especualtivo.
Uno queda solo así, no tiene partido pero ¡puede ver! Lo verdadero es el todo. Y puede ver qué nos hace más nación.
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