Qué nos hace más nación fue la pregunta de Rogelio Frigerio en los años cincuenta del siglo pasado en la República Argentina. Todavía no se había realizado la emergencia de la nación en cuanto no se había logrado la mencionada INTEGRACIÓN avanzada en BASES Y PUNTO DE PARTIDA PARA LA ORGANIZACIÓN NACIONAL escrito en 1846. Cien años no bastaron para configurarla ni otros cien lo harán ¿Bajo el populismo hay república o solamente una formalidad de ella basada en el voto dado en un día?
Y nosotros hemos pasado de odiosos gobiernos militares que se han alzado salvajemente contra la ceguera populista embriagada en una democracia sin república.
La integración en un MOVIMIENTO NACIONAL ha sido simplemente una agregación donde la mayoría se impone brutalmente a las minorías que no sólo no inciden en las decisiones sino que los excluyen de la misma deliberación y por mayoría absoluta se votan las leyes necesarias sin discusión y se promulgan como quien se las refriega por la cara a los enemigos, que si critican mucho ya están conspirando contra…el poder. Porque la nación no está en el horizonte ¡Tanta es la embriaguez del poder, que busca perpetuarse desde siempre, cuando precisamente fue descentralizado por la democracia ateniense!
El populismo puede ser eficaz o desordenado cuando no logra concentrar el poder en un líder carismático. Y la eficacia es la del mandamás del siglo 19: Juan Manuel de Rosas. Allí la nación se confunde con mi gobierno perpetuo: es “mi nación” y no “la nación”. Un férreo partido verticalista lo sostiene.
Pues bien hombres que ven y configuran la nación son nítidamente Alberdi y Frigerio, hombres sin partido el uno y liquidando la base del partido radical el otro. Ambos con un concepto especulativo de la nación donde el DlESARROLLO es la materia donde encarna la forma de la República, para que ésta no sea meramente “formalidad abstracta”.
En medio está nuestro Sarmiento que se parece a ambos y de ambos se diferencia. Se parece como visionario de la nación y no teniendo partido confía en el talento y la misión universal de la nación. Es luchador político como Frigerio pero no tiene el concepto estricto de nación que tiene Alberdi: es un empírico que remata en una representación o concepto abstracto expresado en su concepto original de CIVILIZACIÓN Y BARBARIE. Es autodidacta genial como Frigerio y aún genial escritor. Como Alberdi sigue y persigue el modelo norteamericano que ve como el futuro, frente a Europa, pero lo ve empíricamente, juntando cosas. En cambio Alberdi ve lo universal de la forma constitucional como operante del desarrollo. Alberdi ya ve el desarrollo desde Adam Smith, para él el Homero de la economía. Sarmiento ve solamente el progreso civilizatorio. Frigerio que creó el primer modelo de desarrollo de Latinoamérica también tiene a EEUU como modelo de prueba de la dinámica del DESARROLLO y ve su concepto pleno desde la elucidación del SUBDESARROLLO que tras la ausencia del desarrollo convive con el crecimiento que no integra la nación ni resuelve la pobreza.
Los tres quedaron sin partido y no tuvieron poder. Alberdi porque era un eminente jurista llamado por la Historia para dar una constitución y para ello debía ver todo. En ese todo estaba incluida la VERDAD REVELADA y contenida en la Iglesia como cuerpo de Cristo. Llega a considerar el Evangelio como criterio del derecho internacional. Se aparta de la doctrina rousseauniana y considera la tradición de la Iglesia como movimiento de la Historia y no meramente la RAZÓN.
Frigerio lo sigue increíblemente en esto, quien con Frondizi, ideólogo de la izquierda Radical sin embargo inicia una cercanía máxima con Juan XXIII y lanzando decididamente el Desarrollo Nacional como una doctrina filosófico política donde la economía está subordinada, termina colaborando con “su amigo”, Pablo VI en la POPULORUM PROGRESSIO después de su derrocamiento.
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA SE VUELVE PAUTA PARA DEL MOVIMIENTO NACIONAL, donde se continúa al primer Perón, creador del JUSTICIALISMO (JUSTICIA SOCIAL acuñada por PÍO XII).
Aquí Sarmiento se queda con la Ilustración, bien que en forma borrosa y confunde Iglesia en su esencia de “cuerpo místico” con INQUICISIÓN y obscurantismo asumido por el progreso, como empírico sin visión especulativa que fue.
Pero hay una semejanza más: Sarmiento era don Quijote en medio de la realidad política y nunca quiso ser otra cosa que “loco” desde el comienzo al fin.
Frigerio fue considerado como tal durante su gestión junto a Frondizi por enemigos y supuestos amigos. Frigerio no sólo veía más allá (hasta hoy no se tiene claro el concepto de SUBDESARROLLO y Argentina ostenta un crecimiento enorme con los trenes y caminos del más acentuado atraso, por no hablar de lo que hizo con el estatuto SIDEROENERGÉTICO), Frigerio se veía lanza en ristre embistiendo contra los monopolios, no retóricamente sino con medidas que los licuaban en orden al interés nacional puro. Esto no lo hicieron los supuestos liberadores hasta hoy totalmente absorvidos por el realismo del poder como los nobles y reyes en época de Cervantes ¡Plus ça change, plus c’est la mëme chose!
Así Alberdi fue un Quijote poniendo al EVANGELIO como el DERECHO INTERNACIONAL donde el fuerte debe ceder según el SERMÓN DE LA MONTAÑA.
Frigerio con la dinámica certera y sincera del DESARROLLO Y LA INTEGRACÍON, donde se aplican las LEYES OBJETIVAS DE LA ECONOMÍA iniciadas en Adam Smith, frente a la totalidad de la ideología populista y socialista que lo aplastó (sumarle el liberalismo vernáculo norteamericano de apariencia) fue un Quijote cabal. Agregó a su irrealismo el mérito de poderse denominar a su doctrina una RARÍSIMA AVIS:
DESARROLLO CATÓLICO, que suscitaría toda confusión. Real, tan real que se ve por los mundanos como una locura (ver polémica de Frondizi con monseñor Bastos de Brasil). Esto se daba en medio de los movimientos izquierdistas de LIBERACIÓN.
Sarmiento extremaba histriónicamente su locura y parece que necesitaba ponerse a todos en contra. Pero ya sabemos por el IDIOTA de Dostoyewsky que el loco es puro y que la cordura de los poderosos realistas y calculistas del poder terminan en la CORRUPCIÓN, aunque sea por la impiedad contra la PATRIA Y LA NACIÓN a la cual desconocen.
No así Sarmiento, Alberdi y Frigerio. Frondizi todavía no puede ni estudiarse porque parece síntesis de la Historia .Y estamos en una contra Historia.
No se puede: la ideología que es pura sensibilidad sin concepto, hoy inundada de la transgresión programática del POSMODERNISMO nos empantana
Don Quijote sin embargo cabalga y los perros ladran.
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