jueves, 2 de febrero de 2012

SIEMPRE POR DEBAJO DE LA RAZÓN

La nación es una totalidad pero no abstracta, no una abstracción formal jurídica que se llena con un poder transitorio por obra de un partido particular concreto que va y viene de una mano en otra, de un rey a otro, de un tirano a otro, de un gobierno populista a otro, siempre respaldado por esa abstracción del entendimiento que es la nación, abstracción del entendimiento flotante sobre el mar de la sensibilidad.
Lo hemos dicho, la nación es ella misma concreta como totalidad donde opera el concepto explicitado en Bases y Puntos de partida para la organización nacional de Juan Bautista Alberdi: vive de una forma y de una materia, del Estado República sobre un territorio recibido providencialmente al cual le corresponde un fin y un origen. Este concepto, hoy inaceptable, no es menos real y verdadero. Tiene la autoridad del padre de la Constitución, lo cual tampoco importará a muchos. No obstante la verdad no se mide por las adhesiones particulares ni por el apoyo popular.
Precisamente la Nación existe como totalidad viva aunque los ciudadanos, no siendo tales, se ven como grupos particulares, divididos por ideologías de derecha o de izquierda. Porque a la hora de la Constitución cesaron los unitarios y federales para constituir una nación. Siguieron las particularidades pero la historia se puso en movimiento. Los enemigos de la verdad son de más entidad que los particulares y pretenden deshacer la nación. Esto sucede en la dimensión del ser nacional y es un verdadero misterio histórico.
Los particulares hasta el día de hoy se ven divididos en ideologías y doctrinas fijas como si fueran unitarios y federales, del sur o del norte etc. Y en medio siempre están los intereses, anodinos ideológicamente, pero fuertes en sus negocios.
En la Argentina parece haber un retroceso enfermizo a esas claras divisiones y a las abstracciones formales. Un pensamiento comprensivo que asuma los contrarios es causa de horror por esa conciencia sensible regida por representaciones (liberación o dependencia, etc, etc) donde el sentimiento impuro golpea obscureciendo el concepto o la idea clara y rica de contenido.
Mas nada hay fijo en lo real ni siquiera la fijeza. Y la historia va haciendo procesos enfermizos y al no comportarse como lo que es, autoconciencia integradora y recognoscente, se vuelve una suerte de contra historia, como se muestra en la historia de los reyes de Israel después del olvido de Dios del sabio Salomón.
Uno ve la televisión donde hablan los representantes de los ciudadanos y escucha odio y separación y afirmación en lo propio y aumento de poder, que contraría la democracia, equilibrio o proporción de poderes.

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