viernes, 9 de octubre de 2015

LA CIUDAD DE LOS CERDOS EL MUNDO DE LOS CHANCHOS

¿Cómo no sentir un asco sartreano ante el mundo y todo lo que contiene como modus operandi? No las personas pero sí lo abigarrado de las opiniones que inducen acciones.
El asco de la mundanidad de uno mismo y de su naturidad se diluye cuando nos diferenciamos de nosotros mismos.
¿Con qué nos encontramos luego? ¿Con nosotros mismos? Heidegger diría con el ser pero que se evade. Nosotros sabemos que el Verbo  nos dice que lo sigamos negándonos a nosotros mismos.
El tomar la cruz que nos separa del asco de las cosas nos hace andar por el sendero estrecho que lleva a la vida eterna, ya que la vida nada valdría si no fuera vida, cuya muerte es simplemente negación de sí.
La vida política debe ser negación con respecto a lo dicho. Ya Platón lo muestra en sus gobernantes filósofos: nada poseen, ni siquiera a sí mismos contemplando,son una ofrenda a la polis. Su recompensa la tendrán en la isla de los bienaventurados. Ahora gobiernan desde la idea del Bien, desnudos de todo y cargados del poder como de una cruz.
Más arriba en el gobierno más renuncia a las cosas. Y al ver lo bello y engendrando en la belleza deben bajar hacia un mundo ordenado.
Es un plan que le piden a Sócrates que había delineado el paraíso bucólico y fue llamado ciudad de los cerdos porque los hombres se alimentarían de frutos silvestres y pasarían la vida homenajeando a la divinidad.
Paréceme que los hombres han dejado a las espaldas cosas que los lastiman pues los hacen humanos. Hoy la educación es la web.
Pues bien ¡lean este blog y tomen la República de Platón! Si supieran griego le sacarían pleno provecho.

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