Quien preside una nación la representa y deja de ser no sólo un individuo particular sino un miembro de partido político alguno. Porque la nación es lo universal mismo. Desde Aristóteles a Hegel se ha desplegado la universalidad.
Pero la crítica al Estado por parte de Marx, como la de la historia del capital, la de Nietzsche como la historia saturada de moral, el freno que le impone a toda historia el así llamado "olvido del ser" en Heidegger confluye en la anomia posmoderna que nos retrotrae a la barbarie de la unción popular del caudillo sobre el escudo. Los modernos aprendieron a hacer llover liberaciones pero no previeron cómo pararla.
En medio de tal diluvio vemos a los presidentes como representantes de la particularidad, signos del mero éxito electoral.
La transparencia de la razón sin embargo ha sido ya conquistada. Pero el hombre no puede con ello en medio de la explosión de la técnica y de la comunicación. Tampoco puede con el pecado destructor por más que ha habido un redentor del pecado y un iluminador de la persona que no es lo mismo que el individuo. Y no va pudiendo con la familia y la paz por más que Homero deponteció la guerra cantando la guerra de Troya y luego la vuelta al hogar.
Todo lo constitutivo ha sido conquistado al principio de cada época de la Historia. Pero como esta se ve como un mero continuo que evoluciona liberándose el hombre de su pasado mata la historia misma y va a la esquizofrenia. La técnica lo justifica de momento.
Pero la crítica al Estado por parte de Marx, como la de la historia del capital, la de Nietzsche como la historia saturada de moral, el freno que le impone a toda historia el así llamado "olvido del ser" en Heidegger confluye en la anomia posmoderna que nos retrotrae a la barbarie de la unción popular del caudillo sobre el escudo. Los modernos aprendieron a hacer llover liberaciones pero no previeron cómo pararla.
En medio de tal diluvio vemos a los presidentes como representantes de la particularidad, signos del mero éxito electoral.
La transparencia de la razón sin embargo ha sido ya conquistada. Pero el hombre no puede con ello en medio de la explosión de la técnica y de la comunicación. Tampoco puede con el pecado destructor por más que ha habido un redentor del pecado y un iluminador de la persona que no es lo mismo que el individuo. Y no va pudiendo con la familia y la paz por más que Homero deponteció la guerra cantando la guerra de Troya y luego la vuelta al hogar.
Todo lo constitutivo ha sido conquistado al principio de cada época de la Historia. Pero como esta se ve como un mero continuo que evoluciona liberándose el hombre de su pasado mata la historia misma y va a la esquizofrenia. La técnica lo justifica de momento.
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