lunes, 30 de septiembre de 2013

La así llamada Sagrada Escritura ha proclamado en sus libros sapienciales que es infinito el número de los necios que es como decir en términos platónicos de los opinante y términos parmenídeos de los hombres de dos cabezas.
Sí ello es así y la democracia, para dolor de Platón, vive de las opiniones, lo que aquí se ha dicho: que las instituciones no han sido cosa de los opinantes que las usufructúan ni tampoco su permanencia es un hecho lógico o consecuente: de lo menos no sale lo más. La democracia es un don divino como se ve en Solón y los hombres como se comprende leyendo la Constitución de Atenas de Aristóteles la desnaturalizan enseguida.
Lo que afirmo es que así fue en aquel origen constitucional: somos deudores de un don. Y llegó hasta hoy en el lenguaje aunque nadie quiera recibir la Buena ley, la Justicia y la Paz y ser determinado por ellas y sin embargo lo sean.
Porque también el recibir cada uno el orden es un don que no vemos y ususfrutuamos. Somos justos por la justicia e injustos por nuestro afán particular.

No hay comentarios:

Publicar un comentario