martes, 5 de febrero de 2013

PERSONA Y CIUDADANO LIBRE

Hemos dicho que hay autonomía del individuo singular y éste es el ciudadano que dice: yo no soy lo otro que yo mismo, la sociedad no es y yo soy. A esto lo pueden llamar personalismo ignorando que la persona es muy otra cosa y se inscribe en el misterio de Dios revelado por el Espíritu. Dios es Espíritu y Dios es amor. Tal definición johánica nos pone ante una determinación por parte de Dios pero que no nos aliena sino que nos hace personas  hacia él. Nos has hecho para ti, hacia ti, escribe Agustín. Esto es muy otra cosa que la autonomía. Ella nos hace libre y ciudadanos del estado nación. La persona que brota de la revelación de Dios como Espíritu adorado en espíritu y verdad ya no es libre para crearse en el Estado sino partícipe de la ciudad de Dios en el gozo de la verdad de las PERSONAS DIVINAS: PADRE HIJO Y ESPÍRITU SANTO.
Ciudad de Dios y Estado de los hombres libres que autogobiernan: dos esferas diferentes que han lidiado entre sí en el acontecer histórico. Hoy no tiene espacio tal querella porque tiene un desafío: construir el hogar donde moramos. Y así pensamos en la serenidad.

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