martes, 26 de febrero de 2013

EL JUICIO DE LAS NACIONES

En el siglo veinte hubo dos guerras mundiales y el holocausto y varios genocidios. FREUD ya alertó acerca del malestar de la cultura. El ELLO se libera sin frenos en la guerras pero he aquí que ahora es el protagonista de la liberación donde, a despecho de Sarte, "el hombre ha muerto" (Foucault)
 Han sido terribles las guerras y más el holocausto y sin embargo quizás allí se hayan visto rasgos de humanidad sublime en el dolor del martirio. Lo acabo de ver en las listas de Schindler y en Edith Stein para no apelar al DIARIO DE ANA FRANK.
Ahora bien lo que no se ve ahora es un ablandamiento de ternura en la sociedad de la abundancia. Sí mucha solidaridad social pero no el acercamiento de las personas en la ternura. Se ven grupos ululantes pero no personas mansas y serenas. La templanza obligada de los pobres no se vio reemplazada por una electiva de los consumidores. Y el ELLO que es EROS también es THANATOS y las películas no tratan de otra cosa. No hay Antígonas ni Electras, ni Julietas ni Desdémonas ni menos Porcias. Seguimos liberando pero es el ELLO desnudo, en lo cual no es aventurado reconocer el drama del Edén. Al fin y al cabo Freud, consultor asiduo de Empédocles era alumno de la educación del Génesis.
Queríamos conocer la ciencia del bien y del mal y este es el proceso de la historia: la salida del paraíso, el paraíso perdido de MILTON. Se vanaliza el problema de los hombres, se habla de los problemas pero no desde el problema ¿Cómo se resuelven si escondemos la cabeza en el hueco como el avestruz?
Hay que ver el origen del mal y saber que hay un juicio final y total. No podía ser menos ante la enjundia de la humanidad. Hay jueces y se piden juicios más y más en una justicia ilimitada. Mas habrá un juicio final: lo dice el CREDO y JAHVEH Dios: MÍA ES LA JUSTICIA
El Derecho se amplía y desemboca en el juicio no solo de las personas sino en el de las naciones y el juez fue juzgado ya aquí por tres tribunales, para terminar con la Pascua.

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA OBVIEDAD DE LO QUE SOMOS

Parece obvio lo que aquí escribimos pero no es otra cosa que lo que somos en nosotros mismos: HOGAR, IGLESIA Y ESTADO. Esto lo somos y requirió toda la historia para distinguirse en sus principios desarrollados. Ahora está ya allí, "es allí". Pero nosotros no estamos frecuentemente en "el ser" sino en medio de los entes aunque seamos en el ser.
Cada uno es en el ser persona: en la intimidad del hogar, en la intimidad del cuerpo de Cristo, en la sublimidad del ciudadano libre. Por sobre todo y debajo de todo "somos".
Si la educación nos condujera o nos trajera hasta esta enjundia otro gallo nos cantara. Pero las partes que fuera de la totalidad son abstractas nos solicitan para el servicio y así estamos adorando el becerro de oro dejando al rostro que ha visto a Dios y viene glorioso. Ahora todos hemos visto su rostro: ¿TANTO HACE QUE ESTOY CON VOSOTROS FELIPE Y TODAVÍA NO ME CONOCES? ¡QUIEN ME HA VISTO A MI HA VISTO AL PADRE!
Así estamos adorando lo que la SOCIEDAD DE MASAS nos propone y no nos conocemos como personas, que siendo imágenes del HIJO DE SU AMOR somos dueños de nuestra intimidad hogareña y de nuestra libertad ciudadana.
Ululantes en los estadios y cautivos de las pantallas, como ha dicho Heidegger, "solo un dios puede todavía salvarnos" ¡Cómo si no nos hubiera salvado ya! Lo demás es cuestión de detalle que sin embargo exige nuestro trabajo "social".

martes, 5 de febrero de 2013

PERSONA Y CIUDADANO LIBRE

Hemos dicho que hay autonomía del individuo singular y éste es el ciudadano que dice: yo no soy lo otro que yo mismo, la sociedad no es y yo soy. A esto lo pueden llamar personalismo ignorando que la persona es muy otra cosa y se inscribe en el misterio de Dios revelado por el Espíritu. Dios es Espíritu y Dios es amor. Tal definición johánica nos pone ante una determinación por parte de Dios pero que no nos aliena sino que nos hace personas  hacia él. Nos has hecho para ti, hacia ti, escribe Agustín. Esto es muy otra cosa que la autonomía. Ella nos hace libre y ciudadanos del estado nación. La persona que brota de la revelación de Dios como Espíritu adorado en espíritu y verdad ya no es libre para crearse en el Estado sino partícipe de la ciudad de Dios en el gozo de la verdad de las PERSONAS DIVINAS: PADRE HIJO Y ESPÍRITU SANTO.
Ciudad de Dios y Estado de los hombres libres que autogobiernan: dos esferas diferentes que han lidiado entre sí en el acontecer histórico. Hoy no tiene espacio tal querella porque tiene un desafío: construir el hogar donde moramos. Y así pensamos en la serenidad.