Se lee en la Carta al humanismo que en el claro del ser a la par que la gracia del sanar se da la malignidad de la grima, la furia, el horror. El "no" frente al "sí". Nadie puede explicar ni medir cuando y cómo se inclina la voluntad libre hacia uno u otro. El ser además es lo disputante.
Se comprueba en la época originaria de nuestra historia que la ERIS se transparenta con la JUSTICIA O DIKE, QUE PROCEDE DEL DERECHO O THEMIS. La filosofía despejó la medida de la justicia en el BIEN.
En la segunda época entra en escena quien se autorrevela diciendo YO SOY DIOS QUIEN HABLA CONTIGO. La Bondad es la Caritas, que mide la justicia. Lo que disputa es la SOBERBIA que rechaza la CARITAS o AGAPE, la cercanía de Dios hecho hombre: quien disputa es el ANTICRISTO. Lo escribieron Pablo y Juan desde Éfeso.
En la tercera época cortando con las trancisiones que vuelven a todas las vacas pardas, la JUSTICIA está medida por la pura RAZÓN que expresa la LIBERTAD como absoluto. Así Rousseau y Kant desde el centro de Europa.
Sin duda estas tres presentaciones epocales han sido borradas por la evolución del continuo que es vitoreado por los modernos con el "Dios ha muerto" al cual Heidegger reduce al olvido del ser.
Bien se pueden observar sin embargo en su claro del ser las esquirlas de aquellas postulaciones de las sabidurias epocales correspondientes cuyo decir no se ha interrumpido en el presente del Lenguaje posmoderno.
Con todo esto quiero mostrar que en nuestro presente actual la amenaza de colapso del orden transparentado por la HISTORIA tiene su explicación: el misterio de la iniquidad. Pero éste requiere del juicio absoluto que vendrá por necesidad pues a él todos apelan. Mientras tanto se puede ver como entre relámpagos el BIEN y se puede sentir el AGAPE y se debe respetar la RAZÓN inmanente.
En este claro la NACIÓN no es juguete del voto inducido por propagandas eleccionarias. La NACIÓN es nuestro dolor como PATRIA y es nuestro deber como ciudadanos que en la disputa serán mártires o testigos en un juicio que nos ha sido enseñado en el CREDO cuando tomamos la primera comunión.
Esto se vuelve fundamental entre tanta ideología circunstancial, porque el mundo pasará pero MIS PALABRAS NO PASARÁN ¿Y qué si hay juicio universal? ¿Acaso no claman todos por una justicia ilimitada? Esta vez no sera Pilatos el juez que consulta al pueblo. Esta vez el juez será el condenado a la cruz en aquella paradigmática ocasión. Y habrá juicio.
Se comprueba en la época originaria de nuestra historia que la ERIS se transparenta con la JUSTICIA O DIKE, QUE PROCEDE DEL DERECHO O THEMIS. La filosofía despejó la medida de la justicia en el BIEN.
En la segunda época entra en escena quien se autorrevela diciendo YO SOY DIOS QUIEN HABLA CONTIGO. La Bondad es la Caritas, que mide la justicia. Lo que disputa es la SOBERBIA que rechaza la CARITAS o AGAPE, la cercanía de Dios hecho hombre: quien disputa es el ANTICRISTO. Lo escribieron Pablo y Juan desde Éfeso.
En la tercera época cortando con las trancisiones que vuelven a todas las vacas pardas, la JUSTICIA está medida por la pura RAZÓN que expresa la LIBERTAD como absoluto. Así Rousseau y Kant desde el centro de Europa.
Sin duda estas tres presentaciones epocales han sido borradas por la evolución del continuo que es vitoreado por los modernos con el "Dios ha muerto" al cual Heidegger reduce al olvido del ser.
Bien se pueden observar sin embargo en su claro del ser las esquirlas de aquellas postulaciones de las sabidurias epocales correspondientes cuyo decir no se ha interrumpido en el presente del Lenguaje posmoderno.
Con todo esto quiero mostrar que en nuestro presente actual la amenaza de colapso del orden transparentado por la HISTORIA tiene su explicación: el misterio de la iniquidad. Pero éste requiere del juicio absoluto que vendrá por necesidad pues a él todos apelan. Mientras tanto se puede ver como entre relámpagos el BIEN y se puede sentir el AGAPE y se debe respetar la RAZÓN inmanente.
En este claro la NACIÓN no es juguete del voto inducido por propagandas eleccionarias. La NACIÓN es nuestro dolor como PATRIA y es nuestro deber como ciudadanos que en la disputa serán mártires o testigos en un juicio que nos ha sido enseñado en el CREDO cuando tomamos la primera comunión.
Esto se vuelve fundamental entre tanta ideología circunstancial, porque el mundo pasará pero MIS PALABRAS NO PASARÁN ¿Y qué si hay juicio universal? ¿Acaso no claman todos por una justicia ilimitada? Esta vez no sera Pilatos el juez que consulta al pueblo. Esta vez el juez será el condenado a la cruz en aquella paradigmática ocasión. Y habrá juicio.
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