La acción política produce oscuridad porque tiene como fin el éxito particular de un partido o persona. Además está la corrupción de los funcionarios más o menos vinculada a la del partido. Se ve en las películas y se ve en la realidad. Detrás está el misterio de la iniquidad, según lo llama San Pablo.
Y tal misterio es de una negrura insondable "Es inevitable que hay escándalos pero ¡ah quien los causa!" dijo Jesús.
Por ello cuando oye cada día argumentar a los políticos la necesidad de afianzar los espacios separados y puros ideológicamente excluyendo a las personas substantes en favor de los partidos se estremece por aquello de "divide y gobernarás". Sabemos quien es el jefe de la división o diabolía y cómo la iniquidad es abrazada por él. Se causan muchos pecados por esto y se oscurece la limpidez de la atmósfera en la luz. Sabemos quien, cómo y porqué ha venido al mundo para siendo crucificado destruirla.
Pues bien: entramos en la semana de la cruz cuando quien murió para matar la iniquidad sufriendo produjo en ese momento un oscurecimiento en la mitad del día. Eso se hizo en medio de una fiesta, la de Pascua, que rememora cuando la oscuridad cercaba a los liberados de los esclavizadores egipcios (esclavos del Faraón ellos también)
Las tinieblas quitan la luz del mundo, la de un hombre que era Dios y fue desconocido en su presencia personal. No obstante hoy los milenios se miden por Él en su paso de la eternidad al tiempo y del tiempo a la eternidad. ¿No tiene un status fundacional?
La existencia (no la vida biológica) se enraíza en la Persona del Verbo que despliega la verdad desde el Padre o genitor de la verdad. El amor es la realidad de tal verdad.
La Pascua es la verificación del jaque mate a la malignidad de la grima, al misterio de la iniquidad que está detrás del poder prometido por el diablo al mismo Jesús cuando salía al mundo.
Calma, porque Él en la Pascua ha vencido al mundo.
La política nacional e internacional debería atender a este hecho.
Y tal misterio es de una negrura insondable "Es inevitable que hay escándalos pero ¡ah quien los causa!" dijo Jesús.
Por ello cuando oye cada día argumentar a los políticos la necesidad de afianzar los espacios separados y puros ideológicamente excluyendo a las personas substantes en favor de los partidos se estremece por aquello de "divide y gobernarás". Sabemos quien es el jefe de la división o diabolía y cómo la iniquidad es abrazada por él. Se causan muchos pecados por esto y se oscurece la limpidez de la atmósfera en la luz. Sabemos quien, cómo y porqué ha venido al mundo para siendo crucificado destruirla.
Pues bien: entramos en la semana de la cruz cuando quien murió para matar la iniquidad sufriendo produjo en ese momento un oscurecimiento en la mitad del día. Eso se hizo en medio de una fiesta, la de Pascua, que rememora cuando la oscuridad cercaba a los liberados de los esclavizadores egipcios (esclavos del Faraón ellos también)
Las tinieblas quitan la luz del mundo, la de un hombre que era Dios y fue desconocido en su presencia personal. No obstante hoy los milenios se miden por Él en su paso de la eternidad al tiempo y del tiempo a la eternidad. ¿No tiene un status fundacional?
La existencia (no la vida biológica) se enraíza en la Persona del Verbo que despliega la verdad desde el Padre o genitor de la verdad. El amor es la realidad de tal verdad.
La Pascua es la verificación del jaque mate a la malignidad de la grima, al misterio de la iniquidad que está detrás del poder prometido por el diablo al mismo Jesús cuando salía al mundo.
Calma, porque Él en la Pascua ha vencido al mundo.
La política nacional e internacional debería atender a este hecho.
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