Si nos preguntáramos que hacía más nación al pueblo de Israel en épocas de Salomón deberíamos decir: la unidad medida por la clara voluntad de Dios, quien hablaba por los profetas.
Sin embargo predominó la voluntad particular que los sumió en intereses divisivos que oscurecían la voluntad de Dios quien los llamó de Egipto y que desde el origen les dio la bendición de la promesa: a tus descendencia le daré la tierra...
La no obediencia de los hombres que dirigen en pos del poder personal se ve bien claro de David a Salomón y de éste a los insignificantes personajes que en la división de los dos reinos le suceden. Este proceso concurre a la destrucción del templo que con tanta magnificencia había construido Salomón, compendio de Sabiduría a quien se le atribuirán los libros sapienciales como a David los salmos. Una pieza que honraría a cualquier nación pero que de inmediato deshonra a quienes la dilapidan con políticas que hasta hoy vemos.
¿Quien os ha enseñado a huir de la ira que os amenaza? el hacha ya está puesta en la base...
Ningún político que tiene como fin último el poder puede escuchar tal aviso. Así Herodes.
Y está en un libro tan abonado como la Biblia resultado cuando menos de milenarias experiencias y sabidurías orientales.
Y la nación sufre el destierro y la humillación tan necesaria para purificarse. Pero los dirigentes no aprenderán, parece que nunca.
Los intereses particulares dificilmente se universalizan sino por la fuerza de las circunstancias adversas, es decir la pérdida del poder.
Pero la Nación tiene un destino, es decir sobre las particularidades. Tal determinante castiga a los particulares, a los intereses y cegueras. Los profetas están encargados de decirlo. Así fue en la historia narrada en la Biblia que es más filosofía y menos historia o bien filosofía de la historia, según la han leído personas como Marx.
Los personajes actúan per se pero la historia como destino los coloca y los quita. Es irritante escucharlos pero ver la historia que se desenvuelve es un espectáculo de la razón para quien es más racional y menos para quien lo es menos.
Sin embargo predominó la voluntad particular que los sumió en intereses divisivos que oscurecían la voluntad de Dios quien los llamó de Egipto y que desde el origen les dio la bendición de la promesa: a tus descendencia le daré la tierra...
La no obediencia de los hombres que dirigen en pos del poder personal se ve bien claro de David a Salomón y de éste a los insignificantes personajes que en la división de los dos reinos le suceden. Este proceso concurre a la destrucción del templo que con tanta magnificencia había construido Salomón, compendio de Sabiduría a quien se le atribuirán los libros sapienciales como a David los salmos. Una pieza que honraría a cualquier nación pero que de inmediato deshonra a quienes la dilapidan con políticas que hasta hoy vemos.
¿Quien os ha enseñado a huir de la ira que os amenaza? el hacha ya está puesta en la base...
Ningún político que tiene como fin último el poder puede escuchar tal aviso. Así Herodes.
Y está en un libro tan abonado como la Biblia resultado cuando menos de milenarias experiencias y sabidurías orientales.
Y la nación sufre el destierro y la humillación tan necesaria para purificarse. Pero los dirigentes no aprenderán, parece que nunca.
Los intereses particulares dificilmente se universalizan sino por la fuerza de las circunstancias adversas, es decir la pérdida del poder.
Pero la Nación tiene un destino, es decir sobre las particularidades. Tal determinante castiga a los particulares, a los intereses y cegueras. Los profetas están encargados de decirlo. Así fue en la historia narrada en la Biblia que es más filosofía y menos historia o bien filosofía de la historia, según la han leído personas como Marx.
Los personajes actúan per se pero la historia como destino los coloca y los quita. Es irritante escucharlos pero ver la historia que se desenvuelve es un espectáculo de la razón para quien es más racional y menos para quien lo es menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario