lunes, 21 de julio de 2014

LAS TRES SABIDURÍAS DE NUESTRA HISTORIA.

Las naciones surgen al conjuro de la libertad autoconciente que es avizorada por J.J.Rousseau en aquel despertar de su siesta bajo el árbol. Una especie de Newton de la vida política.
La autonomía que es un nuevo nacimiento es la causa de la NACIÓN ESTADO. Lo demás llamado democracia ya existía y tiene su punto grave: la demagogia. Platón los concibe 370 años antes de Cristo y sigue vigente porque parece ser que lo último que desaparecerá en el mundo es el pueblo que elige al loco, al vicioso, al ciego para lo universal, al malo que parece bueno y no verá al bueno porque le parecerá malo o inútil como lo describe el mismo en la REPÚBLICA.
Admira cómo el político es sordo a un clásico escrito hace más de dos milenios. Pero la Nación existe no por virtud de los hombres sino por la manifestación del la libertad en la conciencia que así se vuelve autoconciencia racional. Hay un absoluto que se manifiesta allí y se realiza objetivamente.
Hay nación y los hombres que se cobijan aquí cómo políticos la ocultan casi siempre. No obstante sus dones brotan fluyendo a través de la sociedad humana.
Pero el hombre es más que la sociedad de los hombres, es persona o imagen de Dios elegido como tal. Es su hijo en el ser más allá del sistema de los entes. Se salva en esta filiación y se realiza en el mundo en la libertad.
La posesión de la libertad nos hace más nación, la libertad industrial, como la llama Juan Bautista Alberdi, lector en 1840 de Adam Smith. Pero hombres nos hace el diferenciarnos con respecto a nuestra condición natural y mundanal llamados a ello por las tres sabidurías: la de las Musas, la del Nuevo Testamento, la del saber civil.